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Bruxismo: bases neurofisiológicas, emocionales y abordaje con aromaterapia

Una mirada integradora para comprender el bruxismo más allá del síntoma y abordar su origen desde el sistema nervioso, a través de la aromaterapia.

¿Qué es el bruxismo?

El bruxismo es una actividad repetitiva de los músculos mandibulares caracterizada por el apretamiento o rechinamiento de los dientes y/o por el empuje de la mandíbula. Actualmente se lo considera un trastorno del movimiento relacionado con el sistema nervioso, más que un problema exclusivamente odontológico.

Desde la investigación clínica, se distinguen dos formas principales:

  • Bruxismo del sueño (sleep bruxism): ocurre durante el descanso nocturno y se clasifica como un trastorno relacionado con el sueño. Está asociado a microdespertares y a la activación del sistema nervioso autónomo.
  • Bruxismo de vigilia (awake bruxism): sucede durante el día y suele manifestarse como una contracción sostenida de la mandíbula, muchas veces vinculada a estados de concentración, estrés o carga emocional.

A nivel fisiológico, el bruxismo no es una enfermedad en sí misma, sino una conducta multifactorial, donde intervienen mecanismos neurológicos, psicológicos y, en menor medida, factores periféricos como la oclusión dental.

Diversos estudios señalan que su origen está más relacionado con la regulación del sistema nervioso central, particularmente con circuitos vinculados al estrés, la ansiedad y la modulación dopaminérgica, que con problemas estructurales de la boca.

 

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Causas neurofisiológicas del bruxismo

El bruxismo se entiende hoy como una manifestación del sistema nervioso, más que un problema de la mordida.

Se asocia a patrones de activación cerebral, especialmente en transiciones entre sueño y vigilia. En el bruxismo nocturno, suele haber una secuencia: activación autonómica, breve activación cortical y luego actividad mandibular, lo que sugiere que es una respuesta a esos cambios internos (Lavigne et al., 2008; Kato et al., 2003).

También se ha implicado al sistema dopaminérgico, vinculado al control del movimiento, lo que explicaría su relación con conductas motoras repetitivas y con algunos fármacos (Lobbezoo et al., 2013). A su vez, una mayor reactividad del sistema nervioso autónomo —especialmente simpático— y estados de hiperactivación favorecen su aparición (Manfredini et al., 2015).

El bruxismo se considera una expresión compleja de la interacción entre cerebro, sistema nervioso y regulación interna.

Dimensión emocional e inconsciente del bruxismo

El bruxismo no solo tiene bases físicas, también está muy ligado a lo emocional y a procesos inconscientes.

Durante el día, suele asociarse al estrés, la ansiedad y la autoexigencia: apretar la mandíbula funciona como una respuesta automática ante la tensión. Por la noche, al ocurrir sin conciencia, se vincula con el procesamiento emocional del cerebro mientras duerme, como si el cuerpo expresara activaciones internas no resueltas.

Mirada simbólica

Desde una perspectiva simbólica y corporal, la mandíbula ocupa un lugar central en los procesos de expresión, comunicación y establecimiento de límites.

Es la zona desde donde hablamos, pero también desde donde callamos, contenemos o retenemos aquello que no logra ser expresado. En este sentido, la musculatura mandibular no solo participa en funciones fisiológicas como masticar o hablar, sino también en la modulación de la respuesta frente a lo que se quiere —o no se puede— decir.

El gesto de apretar la mandíbula puede interpretarse como una forma de:

  • sostener lo no dicho
  • inhibir una respuesta emocional
  • marcar internamente un límite que no se expresa hacia afuera

Bajo esta mirada, el bruxismo puede leerse como una manifestación donde se tensiona el eje entre expresión y control, entre lo que emerge y lo que se contiene.

Es importante entender que este enfoque no establece causas directas, sino que aporta una lectura complementaria, útil para ampliar la comprensión del síntoma en su dimensión subjetiva y corporal.

lavanda y manzanilla

Aromaterapia aplicada al bruxismo

Un abordaje desde el sistema nervioso y la regulación interna

El uso de aceites esenciales en el bruxismo no se basa únicamente en su efecto “relajante”, sino en su capacidad de modular el sistema nervioso, particularmente en su interacción con el sistema límbico (procesamiento emocional) y el sistema nervioso autónomo (regulación de la respuesta al estrés).

Cuando un aceite esencial es inhalado, sus compuestos volátiles activan receptores olfatorios que envían señales directas al sistema límbico —incluyendo estructuras como la amígdala y el hipocampo—, áreas clave en la memoria emocional y la reactividad al estrés. Este circuito explica por qué ciertos aromas pueden disminuir la activación, modular la ansiedad y favorecer estados de mayor regulación interna.

A nivel fisiológico, algunos aceites han mostrado efectos sobre:

  • la actividad del sistema nervioso autónomo (reducción del tono simpático, aumento del parasimpático)
  • la respuesta al estrés
  • y la tensión neuromuscular

(Herz, 2009; Perry & Perry, 2006; Koulivand et al., 2013)

En el contexto del bruxismo —donde hay hiperactivación, tensión sostenida y, muchas veces, carga emocional contenida—, la aromaterapia puede funcionar como un regulador del terreno neurofisiológico, más que como una intervención localizada.

La manzanilla como eje terapéutico

Dentro de este abordaje, la Chamaemelum nobile (manzanilla romana) no se elige simplemente por ser “calmante”, sino por su perfil específico sobre el sistema nervioso.

Rica en ésteres (como el isobutil angelato), presenta una acción marcada sobre la reactividad neurovegetativa, actuando sobre ese estado de base en el que el sistema permanece en tensión sostenida.

A nivel fisiológico:
  • disminuye la hiperactividad del sistema nervioso
  • favorece el predominio parasimpático
  • modula la contracción involuntaria

Esto se traduce en:

  • menor tensión mandibular
  • sensación de calma interna
  • reducción de la reactividad frente al estrés

En el contexto del bruxismo, su acción no se limita al músculo. Actúa sobre el estado interno que sostiene la tensión.

La manzanilla trabaja sobre ese estado en el que estamos tensos… pero además contenidos.

Muchas veces hay irritación, enojo o carga emocional que no encuentra salida.
Y el cuerpo, en lugar de descargar, sostiene, la mandíbula es uno de esos lugares.

La manzanilla ayuda a disminuir esa reactividad, a que el sistema salga del estado de alerta constante, y desde ahí el cuerpo pueda empezar a soltar.

No siempre apretamos por fuerza, a veces apretamos porque no encontramos cómo soltar.

Sinergia terapéutica: cómo acompañan los otros aceites

El abordaje no se construye desde un solo aceite, sino desde una lógica de complementariedad fisiológica.

Origanum majorana (Mejorana)

Con alto contenido en monoterpenoles (terpinen-4-ol), presenta una acción directa sobre la interfase sistema nervioso–músculo.

En bruxismo: interviene directamente sobre maseteros y temporales, facilitando la liberación de la tensión.

Lavandula angustifolia (Lavanda)

Constituida principalmente por linalol y acetato de linalilo, actúa como regulador global del sistema nervioso.

Existen otros aceites con acción más específica sobre la carga emocional contenida y los patrones de control, que pueden aportar profundidad al trabajo en bruxismo. Sin embargo, su uso requiere una lectura más fina del caso y un encuadre terapéutico adecuado.

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Otros aceites esenciales con respaldo científico

Existen otros aceites esenciales que han sido estudiados por sus efectos sobre el sistema nervioso y la respuesta al estrés, como la bergamota (Citrus bergamia), el incienso (Boswellia carterii), el vetiver (Vetiveria zizanoides) o la melisa (Melissa officinalis).

Sin embargo, su aplicación en bruxismo requiere una lectura más específica de cada caso.

Por qué no todos los aceites “relajantes” sirven para el bruxismo

En aromaterapia es frecuente asociar el bruxismo con la necesidad de “relajar”, y a partir de ahí, elegir aceites esenciales conocidos por su efecto calmante.

Sin embargo, este enfoque suele quedarse corto.

No toda tensión se aborda de la misma manera, y no todo lo que relaja resulta efectivo cuando el problema no es solo muscular, sino también neurofisiológico y emocional.

No es solo relajar: es regular

El bruxismo no responde únicamente a un exceso de tensión muscular.
Está vinculado a un estado de hiperactivación del sistema nervioso, donde el organismo permanece en alerta, incluso en reposo.

En este contexto, la diferencia es clave:

  • Relajar puede disminuir momentáneamente la sensación de tensión
  • Regular implica modificar el estado del sistema que la genera

Muchos aceites tienen un efecto relajante superficial, pero no necesariamente actúan sobre:

  • la reactividad del sistema nervioso
  • el tono neurovegetativo
  • o los patrones de activación sostenida

Por eso, pueden resultar agradables… pero insuficientes.

Diferentes tipos de tensión, diferentes abordajes

No todo bruxismo es igual.

En algunos casos predomina:

  • la hiperactividad mental
  • la sobrecarga del sistema nervioso

En otros:

  • la tensión muscular sostenida
  • o la carga emocional contenida

Cada uno de estos escenarios implica mecanismos distintos, y por lo tanto, requiere un abordaje diferente.

Aplicar siempre los mismos aceites “porque relajan” es simplificar un proceso que, en realidad, es más complejo.

El riesgo de lo genérico

Cuando se utilizan aceites sin un criterio claro:

  • se puede generar una sensación de alivio momentáneo
  • pero sin modificar el patrón que sostiene el síntoma

Esto no solo limita los resultados, sino que también puede llevar a la idea de que “la aromaterapia no funciona”, cuando en realidad el problema está en el enfoque.

Aromaterapia con criterio

Trabajar con bruxismo desde la aromaterapia implica salir de la lógica del síntoma y entrar en la lógica del sistema.

No se trata de elegir aceites que relajen, sino de comprender:

  • qué está sosteniendo la tensión
  • cómo está respondiendo el sistema nervioso
  • y desde qué lugar intervenir

Por eso, más que una lista de aceites, lo que hace la diferencia es el criterio de selección y el gusto aromático personal.

Para tener en cuenta

Un mismo síntoma puede tener orígenes distintos.
Y lo que funciona en un caso, puede no ser adecuado en otro.

Es por esto que la aromaterapia siempre es muy personalizada si queremos obtener efectos verdaderos. 

Por eso, el valor de la aromaterapia no está solo en los aceites, sino en la lectura que se hace de cada proceso.

 
Te invito a ser parte de nuestra escuela y poder estudiar y aplicar con criterio y profesionalismo de verdad.

Referencias 

  • Kato, T., Thie, N. M., Montplaisir, J. Y., & Lavigne, G. J. (2003). Bruxism and orofacial movements during sleep.
  • Lobbezoo, F., Ahlberg, J., Glaros, A. G., et al. (2013). Bruxism defined and graded: an international consensus.
  • Manfredini, D., Serra-Negra, J., Carboncini, F., & Lobbezoo, F. (2015). Current concepts of bruxism.
  • Koulivand, P. H., Khaleghi Ghadiri, M., & Gorji, A. (2013). Lavender and the nervous system.

  • Perry, N., & Perry, E. (2006). Aromatherapy in the management of psychiatric disorders.
  • Franchomme, P., & Pénoël, D. (2001). L’aromathérapie exactement. Roger Jollois.
  • Sanz Bascuñana, E. (2000). De la aromaterapia a la aromatología. Barcelona: Índigo.

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